La devoción a Nuestra Señora de Juquila nace en la sierra sur de Oaxaca, cuando una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción —traída por fray Jordán de Santa Catalina en el siglo XVI— sobrevivió al incendio que consumió la aldea de Amialtepec en 1633.
Desde entonces su santuario en Santa Catarina Juquila se ha convertido en uno de los centros de peregrinación más visitados de México, y cada año recibe a millones de devotos que llegan caminando desde todos los rincones del país.
En Denver esa devoción se sostiene con la mayordomía: cada año un grupo de familias asume el cuidado de la imagen y la organización de la festividad. La Virgencita pasa la noche en una casa distinta, donde la familia anfitriona recibe a la comunidad para rezar el rosario a las siete de la tarde. Así, de casa en casa, la imagen recorre la ciudad desde agosto hasta la víspera de su fiesta.








